Cada 22 de abril el Día Internacional de la Tierra se conmemora como un recordatorio de que el equilibrio entre la sostenibilidad ambiental, el crecimiento económico y el desarrollo social es determinante.
En ese contexto, sectores como el entretenimiento en vivo, están asumiendo un rol más activo. En México esta industria se ha posicionado como un motor cultural y económico y hoy, el desafío es claro: cómo sostener experiencias masivas sin perder de vista su impacto en el entorno.
Esto ha llevado a compañías como OCESA a replantear la forma en que producen y operan sus eventos. Con más de tres décadas de trayectoria y una posición consolidada a nivel global, la compañía ha comenzado a integrar la sostenibilidad como parte estructural de su modelo de negocio, entendiendo que el futuro del entretenimiento también pasa por la eficiencia en el uso de recursos.
En distintos recintos se han incorporado sistemas de captación pluvial, sanitarios de bajo consumo y plantas de tratamiento capaces de reutilizar hasta el 80% del agua utilizada, reduciendo significativamente la presión sobre recursos hídricos.

Además, los festivales han comenzado a integrar esquemas más sofisticados de gestión de residuos. Iniciativas de compostaje han permitido recolectar más de una tonelada de residuos orgánicos en eventos masivos, evitando la emisión de más de 11 mil kilogramos de CO₂ y transformando estos desechos en composta útil para espacios públicos. A esto se suma una estrategia más amplia de economía circular que incluye reciclaje, eliminación de plásticos de un solo uso y valorización de materiales.
Para los asistentes, muchos de estos cambios ya forman parte de la experiencia. La eliminación de plásticos de un solo uso, el uso de vasos reutilizables y la digitalización de boletos son hoy prácticas cada vez más comunes. Detrás de estas decisiones hay una lógica más amplia, avanzar hacia modelos de economía circular que reduzcan la presión sobre los recursos naturales.
La digitalización, por ejemplo, ha tenido un impacto directo al sustituir millones de boletos impresos, disminuyendo el consumo de papel y los recursos asociados a su producción y distribución. Tan solo en México, el uso de boletos digitales ha evitado la impresión de más de 18 millones de entradas, reduciendo el consumo de papel y los recursos asociados a su producción. En espacios como el Autódromo Hermanos Rodríguez, por ejemplo, ya se alcanza hasta un 80% de cobertura con iluminación LED, además de incorporar soluciones solares y tecnologías de menor consumo energético. La producción de espectáculos en vivo requiere una infraestructura técnica robusta que demanda altos niveles de energía.
Más allá del componente ambiental, la sostenibilidad en esta industria también se ha ampliado hacia una dimensión social. La inclusión, la accesibilidad y el impacto en comunidades forman parte de una visión más integral que reconoce el papel del entretenimiento como espacio de encuentro y cohesión social. En este sentido, iniciativas que van desde la donación de alimentos hasta la integración de proveedores y emprendedores locales reflejan un enfoque que busca generar valor más allá del escenario.
En una industria definida por la escala y la experiencia colectiva, el reto es particularmente complejo. Sin embargo, también abre una oportunidad: demostrar que es posible crear eventos memorables que, además de conectar a millones de personas, contribuyan a construir un modelo más responsable con el entorno.







