Por Josué Rodríguez
Tras las celebraciones de Navidad y Reyes, el consumo continúa en aumento. Las rebajas de inicio de año impulsan a miles de personas a renovar su guardarropa, convirtiendo a la ropa en uno de los artículos más adquiridos de la temporada. Sin embargo, especialistas en salud advierten que usar prendas nuevas sin lavarlas previamente puede representar riesgos para la piel.
El químico Álvaro Fernández, conocido en redes sociales como @farmaceuticofernandez, explicó que la ropa recién comprada suele contener residuos de sustancias químicas empleadas en su fabricación. Entre ellas destaca el formaldehído, un compuesto utilizado en la industria textil para evitar arrugas, mejorar la apariencia de las telas y prolongar su conservación en tiendas y almacenes.
Fernández señaló que el olor característico de la ropa nueva se debe precisamente a este tipo de productos. Aunque en algunos países el uso del formaldehído está regulado y su concentración máxima permitida es de 30 miligramos por kilogramo, las cantidades presentes en las prendas no representan un riesgo grave para la salud. No obstante, sí pueden provocar molestias en personas con piel sensible.
A los químicos se suma otro factor poco visible: la higiene. Aunque la prenda sea nueva y conserve su etiqueta, no necesariamente está limpia. Durante su proceso de fabricación, transporte y exhibición, la ropa pasa por múltiples manos y superficies, además de que puede haber sido probada por otras personas antes de llegar al consumidor final.
El especialista advirtió que el contacto directo con estas prendas sin lavar puede favorecer la aparición de irritaciones cutáneas y la transferencia de residuos de tintes a la piel. El riesgo aumenta en temporadas de frío, cuando la piel suele estar más reseca y sensible.
Lavar la ropa antes de estrenarla permite eliminar restos de químicos, suciedad y posibles contaminantes, además de mejorar la suavidad y comodidad de las prendas desde el primer uso. Por ello, los expertos recomiendan incorporar este hábito como una medida sencilla de prevención para cuidar la salud de la piel.







