Josué Rodríguez
ACUÑA, COAH. – La desaparición de la “comida chatarra” de las escuelas es casi imposible ya que no depende solo de una ley, ni de los directrices, ni de quienes administran las cooperativas dentro de los planteles, porque esta seguirá siendo tan atractiva y demandada por los niños, considero América Sánchez de la Cruz.
La licenciada en nutrición, dijo que para que en verdad esto ocurra, un cambio radical en la forma de nutrirse dentro de los planteles educativos, es desde casa, en donde se debe cambiar la cultura de la sana alimentación.
“De nada sirve la norma para que en las escuelas no vendan fritos, jugos o refrescos, si en casa los niños los consumen, muchas veces obtenidos como premio a alguna tarea o quehacer ordenada por los padres, quienes directamente están contribuyendo a una muy mala alimentación”.

También se pueden observar en torno a las escuelas vendedores de toda clase de fritos, que inclusive los ofertan con salsa picante que es muy dañina para la salud de los infantes, y que los padres de familia permiten a sus hijos comprar cuando salen de clases.
Si bien es cierto que en algunos planteles los directores salen a “correr” este tipo de vendedores, nunca se dan abasto, ya que pululan por todas partes, “porque la demanda de los alimentos que no nutren pero que, si hacen daño, es muy alta, afuera de las escuelas y en las propias casas, dijo De la Cruz.
El verdadero cambio radica en casa, insistió la nutrióloga, que es en donde debe fortalecerse la cultura de la alimentación saludable para los infantes, cambiando las golosinas dañinas por frutas; procurando un lunch saludable para el recreo e ir reduciendo el consumo de los fritos, jugos, refrescos, alimentos procesados y freídos.







