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Detrás de Cada Mirada, una Batalla Silenciosa

9 de marzo de 2026

Por Guillermo Robles Ramírez

El sábado pasado, justo cuando el sol empezaba a caer, México y el mundo entero recordaron el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Exactamente un día que no es solo para flores o felicitaciones superficiales, aunque algunos lo vean así.

Hay quienes dicen que no se debería «festejar» porque es más bien una fecha para reivindicar las luchas de las mujeres en el trabajo, y en parte tienen razón. Pero yo creo que sí vale la pena conmemorarlo, reconocer lo que han logrado esas mujeres del pasado, las que pelean hoy y las que vendrán con proyectos que cambian el mundo en economía, política, sociedad… en todo, vaya.

Al igual que cada año durante ese día, seguro que escucharon un montón de discursos sobre la mujer. Y sin miedo a equivocarme los que más resuenan son los de los políticos. Esos que nunca dejan pasar una oportunidad para ganar puntos, sobre todo ahora que buscan votos.

Cada uno le da su propio giro a la fecha, dependiendo de lo que sepa o crea. Hay gente, tanto hombres como mujeres, que ni idea tenían de su origen real, de por qué se conmemora. Y muchos, francamente, no le encuentran un sentido profundo, una causa que los mueva.

Entre las chicas jóvenes, por ejemplo, a veces lo confunden con ser «feminista» en el sentido de rebelarse contra los hombres. Y eso basta para que algunos lo desvirtúen por completo. Salen a las calles, y en lugar de un mensaje claro, termina en vandalismo.

Tengo una amiga mía que participó en una marcha hace unos años; ella iba con carteles pacíficos, hablando de igualdad salarial, pero de pronto un grupo empezó a romper vidrios y pintar paredes, y todo se descontroló. ¿Eso ayuda a la causa?, no lo creo, la verdad.

Otros lo ven como un invento del marketing, algo para vender chocolates o tarjetas. Para vender, sí, pero ¿solo eso?. Y luego están los machistas, esos que ni se enteran o, si lo hacen por la televisión, o las redes sociales, piensan: «¿Qué celebrar? La mujer está para la casa y los hijos».

Honestamente machistas que piensan con eso no estoy de acuerdo en lo más mínimo. Es como si el tiempo no hubiera pasado, ¿verdad?. En mi experiencia, he visto a tantas mujeres rompiendo barreras, trabajando fuera y dentro de casa, que me parece ridículo reducirlas a eso.

Y hablando de desacuerdos, lo que más me molesta son esas «marchas pacíficas» que acaban en destrozos; rompiendo monumentos, pintando edificios públicos o privados, hasta memoriales históricos.

En México, parece que somos los únicos donde el 8 de marzo, también conocido simplemente como 8M, se mezcla con vandalismo, y sin propuestas concretas que generen cambio real. ¿Qué buscan exactamente? A veces no se entiende.

Como ejemplo de la falta de comprensión del 8M recuerden en las marchas del año pasado, en 2025: según reportes oficiales, en Ciudad de México se juntaron más de 200 mil mujeres, un récord, pero hubo conatos de violencia, gas lacrimógeno en el Estado de México, detenciones en estados como Hidalgo y Chihuahua. Enfrentamientos con la policía, intentos de derribar vallas, etc.

Es triste, porque eso opaca el mensaje verdadero. Creo que son las mismas mujeres, en algunos casos, las que han secuestrado este día tan importante. Lo convierten en algo de violencia, repudio puro hacia los hombres, discriminación al revés. Entra un rol de victimismo tóxico, donde unas usan a otras como excusa.

No, señores y señoras, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora no es sobre eso. Es sobre dignidad, sobre reconocer el esfuerzo de millones de mujeres, y también hombres que han apoyado, en la búsqueda de igualdad, justicia, equidad. No solo en empresas o industrias, sino en escuelas, universidades y, sobre todo, en el hogar.

¡Ah, el trabajo doméstico…! Lamentablemente, lo ven como una obligación, no como un trabajo valioso. Y no solo los hombres; muchas mujeres también lo discriminan. Pero piensen en el esfuerzo; cientos de madres que salen a laborar fuera y luego llegan a casa a lavar, planchar, cocinar, ser enfermeras, doctoras improvisadas, choferes, niñeras… Multitareas puras. Y lo peor; ni un peso de remuneración, ni un «gracias» de la familia a veces.

En datos recientes del INEGI, de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo de 2024, las mujeres dedican en promedio 39.7 horas semanales a trabajo no remunerado, como cuidados y domésticos, mientras que los hombres solo 18.2 horas. Esa brecha de 21.5 horas dice mucho.

Es como si ellas trabajaran un turno extra invisible. Este día viene de una lucha silenciosa, lenta, donde muchas perdieron la vida convencidas de que tenían la misma capacidad que un hombre para cualquier trabajo.

Es una pena que tantas jóvenes en el país no sepan el porqué, la importancia. Todas las que hoy tienen un empleo remunerado, un negocio propio, lo deben a esas valientes que décadas atrás se unieron, con apoyo de hombres y mujeres, para exigir salarios iguales y oportunidades emprendedoras.

Detrás de cada rostro femenino hay un movimiento social entero, es decir, luchas contra humillaciones, indiferencia, todo para que el 8 de marzo las consideren y respeten.

Pero hay mucho por hacer todavía. No conformarse con los derechos en papel, porque en la práctica, la realidad es otra. Y para quienes lo duden existen cifras en México, según el INEGI y reportes de 2024-2025, la brecha salarial de género sigue en alrededor del 15%, es decir, las mujeres ganan 15% menos que los hombres por trabajo similar. Y la participación laboral femenina ronda el 46%, con una brecha de unos 30 puntos porcentuales comparado con los hombres.

Se pueden imaginar lo que eso significa en una vida, una organización como Womerang calcula que equivale a perder hasta 1.6 millones de pesos en ingresos a lo largo de la carrera. Cuál será el sentir de esas mujeres que, a pulso, han ganado puestos que envidian los varones. Algo impensable en los años cincuenta, cuando solo pedían igualdad en salarios y jornadas.

Cada año, el 8 de marzo, hay que recordar a las que iniciaron esto, conmemorar de forma positiva, constructiva. No con destrucción, sino con acciones que sumen como programas para valorar el trabajo doméstico, políticas que cierren brechas, educación para que las nuevas generaciones entiendan el origen.

Recuerdo a mi abuela era una de esas mujeres de antaño y de Cuatro Ciénegas. Trabajaba en una fábrica textil en los sesenta, ganando la mitad que sus compañeros hombres por el mismo turno. Ella me platicaba cómo se organizaban en sindicatos, exigiendo no solo pago justo, sino respeto. «No éramos víctimas, éramos guerreras», decía. Y hoy, viendo a mis sobrinas con carreras universitarias y empleos independientes, pienso en cómo su lucha abrió puertas.

Pero ¿hemos avanzado lo suficiente? En salud, por ejemplo, las mujeres aún enfrentan discriminación en acceso a servicios; en política, aunque hay más representación, la violencia de género persiste.

No se trata solo de un día al año. Es sobre cambiar mentalidades cotidianas. En las escuelas, enseñar historia real del movimiento; en las empresas, auditorías para equidad salarial; en los hogares, compartir cargas. Porque, al final, la igualdad beneficia a todos.

Imagínemos un mundo donde una mujer no tenga que elegir entre carrera y familia, donde el trabajo doméstico sea valorado económicamente si se quiere. En México, con datos del BBVA Research de 2025, en ciertos grupos como estudiantes que trabajan, la brecha salarial llega al 28%. Eso no puede seguir.

Si reflexionáramos todos un poquito, creo que dignificar este día significa volver a sus raíces: honrar a las trabajadoras textiles de Nueva York en 1857, a las que murieron en la huelga de 1908, a las que en 1975 la ONU oficializó la fecha. No con ruido vacío, sino con progreso tangible. Porque detrás de cada mirada de mujer, hay una batalla silenciosa que merece ser ganada. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org

 

 

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