Por Guillermo Robles Ramírez
Cuando pienso en la solidaridad, me viene a la mente esa sensación cálida que uno siente al ver cómo la gente se une en momentos difíciles. Al menos eso es lo que siento, es como si estuviéramos todos en el mismo barco, remando juntos.
Lo anterior viene a colación por lo recién sucedido en Coahuila, que me parece un ejemplo perfecto de eso. Esta semana arrancó la Colecta Anual de la Cruz Roja Mexicana 2026, justo en nuestro estado, con la presencia del Gobernador Manolo Jiménez Salinas y su esposa, Paola Rodríguez López, quien es la Presidenta Honoraria de INSPIRA Coahuila.
Lo hicieron oficial con un eslogan que me encanta: “Esto que ves, lo hacemos juntos”. Suena sencillo, pero dice tanto. Es como un recordatorio de que nada grande se logra solo. Hay que darle crédito al Gobierno de Manolo Jiménez Salinas, porque han encontrado formas creativas de seguir apoyando a la Cruz Roja. Solo por mencionar el año pasado, en 2025, marcaron historia con una aportación estatal de alrededor de 55 millones de pesos, la más alta que se recuerde.
Y para este 2026, no se quedaron atrás; entregaron siete ambulancias nuevas y más recursos económicos para fortalecer las delegaciones locales. No es solo dinero; es equipo que salva vidas, que llega a tiempo cuando alguien lo necesita.
Recuerdo una anécdota que me contaron hace poco, de un accidente en una carretera cerca de Saltillo, una familia volcó su auto en la noche, y fueron los paramédicos de la Cruz Roja los que llegaron primero, estabilizaron a los heridos y los llevaron al hospital.
Sin esas ambulancias, ¿quién sabe qué habría pasado? Esas cosas me hacen pensar en lo frágil que es la vida, y en cómo un gesto como este puede cambiar todo. Lo que más admiro del Gobernador es esa congruencia que muestra en todo lo que hace. Como dijo en el evento del banderazo, es decir, en el inicio de la recolecta anual: “¡En Coahuila somos solidarios!”.
Y no es solo palabras; es el primer gobernador coahuilense que, en sus actos públicos, evita cualquier comentario negativo hacia el gobierno federal. Al contrario, siempre con respeto hacia la Presidenta de México y las instituciones.
Marca una diferencia, en vez de quejarse por los recursos federales, que a veces son un tema espinoso, prefiriendo a enfocarse en hacer más con lo que hay, sin pretextos.
Ese donativo masivo y las ambulancias lo demuestran que es un líder que va para adelante, como decimos por acá, “echado pa’ delante”. Inspira a la gente, y eso se ve en las calles.
Desde esta semana, en los cruceros de las avenidas y calles de las 38 cabeceras municipales de Coahuila, hay voluntarios con sus uniformes blancos, botando para la colecta. Son como ángeles guardianes, motivados por ese mismo espíritu.
Les invito a ustedes, coahuilenses y a quien me escuche, a responder con gratitud a esta institución que siempre está ahí cuando más la necesitamos. La Cruz Roja Mexicana se ha ganado su lugar como una de las organizaciones más nobles al servicio de todos.
Piensen un momento, no hay familia en México que no haya sentido su ayuda en algún punto. Ya sea un accidente cotidiano o un desastre mayor, ellos responden.
Este año, cumplieron oficialmente 116 años de existencia en el país, imagínense toda esa historia acumulada. Aunque sus raíces van más atrás, al 1863 con la Cruz Roja internacional, en México todo empezó a tomar forma en 1898, cuando la Cruz Roja Española preguntó al gobierno sobre las asociaciones de asistencia pública. Luego, en 1905, el Presidente Porfirio Díaz firmó el decreto adhiriéndose a la Convención de Ginebra, para mejorar el trato a heridos en guerras.
Pero el verdadero arranque fue en 1909, con esa tromba terrible en Monterrey que dejó a más del 50% de la población afectada, heridos y damnificados por todos lados. Un grupo de voluntarios, liderados por el doctor Fernando López y su esposa Luz González Cosío, se movilizaron desde la Ciudad de México con la primera brigada bajo el emblema de la Cruz Roja.
Fue el catalizador unos meses después, el 21 de febrero de 1910, Porfirio Díaz expidió el decreto presidencial reconociéndola oficialmente. Desde entonces, ha sido parte de nuestra historia en los momentos más duros.
Tomemos como ejemplo el terremoto de 1985 en la Ciudad de México, el desastre natural más trágico que hemos vivido. La magnitud fue devastadora; edificios colapsados, gente atrapada gritando por ayuda, un caos que nadie podía creer. La Cruz Roja se coordinó de inmediato, trabajando con pico y pala porque el equipo era escaso en esos días. Aun así, rescataron a cientos de entre los escombros, día y noche.
Poco después, en 1988, el huracán Gilberto azotó desde Yucatán hasta Nuevo León, dejando miles de damnificados. La Cruz Roja brindó atención total desde alimentos, refugios, cuidados médicos. Y en 1992, extendieron su ayuda internacional, apoyando a damnificados hispanos en el huracán Andrew en Florida, Estados Unidos.
Han estado en Cuba, Haití y más allá, mostrando que la humanidad no conoce fronteras. Más cerca en el tiempo, en 2020, enfrentaron la pandemia de COVID-19. Sus voluntarios auxiliaron a miles de pacientes, arriesgando sus propias vidas.
Recuerdo ver en las noticias cómo adaptaron ambulancias para transportes seguros, y cómo capacitaron a comunidades en prevención. En 2023, enviaron rescatistas a la zona cero del terremoto en Turquía, colaborando con equipos internacionales.
Y no olvidemos lo reciente, en 2024, con las olas de calor extremas que causaron al menos 47 muertes en México, según reportes del Centro Nacional de Prevención de Desastres, la Cruz Roja estuvo al frente, distribuyendo agua, instalando puntos de hidratación y atendiendo emergencias por golpes de calor.
En 2025, fortalecieron alianzas como la con Zúrich para la resiliencia climática, midiendo y preparando comunidades contra inundaciones y sequías.
Hablar de la Cruz Roja es hablar de una institución que va más allá de las tragedias; es sobre servicio constante, sin importar la hora o el lugar. Han dejado una huella de admiración mundial, con su museo recién ampliado en la Ciudad de México, preservando documentos y equipo que cuentan su legado.
Es importante que las nuevas generaciones lo sepan, el para que no pasen de largo por esos voluntarios en los cruceros, sino que paren, contribuyan y sientan ese orgullo. Porque, al final, esto que vemos lo hacemos juntos. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org







