Por Alfonso G. Miranda Guardiola
Desde el discreto podio que constituyen estas líneas, declaro que no me gusta mucho la idea que se dice por todos lados de que en EEUU, a los inmigrantes mexicanos los necesitan porque los americanos no quieren hacer el trabajo que ellos hacen. Particularmente el que se refiere al trabajo manual (albañilería, plomería), al del campo (campesinos, jardineros, jornaleros), al de los hoteles (mucamas, mantenimiento, bellboys), al de restaurantes (meseros, cocineros, lavaplatos), al de limpieza (en las casas, calles, edificios y en todas partes); al de cuidar a los niños (babysitters), y a los ancianos y enfermos en los domicilios; y a los demás trabajos que los gringos no quieren hacer.
Esto, sin desmentirlo, nos debe hacer reflexionar. Lo vemos tan normal y natural, que llegamos hasta presumirlo y defenderlo, tanto en pláticas familiares y sociales, como en medios oficiales y nacionales.
Sin embargo debiéramos como mexicanos, enfocarnos de otra manera, y no quedarnos pensando (estancados) en este nivel, tampoco conformarnos, ni exaltarlo, mucho menos presumirlo, sino más bien considerarlo como un acicate, como un estímulo que nos impulse a superar esta realista percepción, esto, a través de un plan o estrategia nacional educativa, creativa, no conformista (nada que ver con eso), sino trazar una ruta para salir de ahí, tener visión, trabajar por alcanzar un mejor nivel como sociedad mexicana. (Empezando con elevar nuestra autoestima, y no me refiero a la individual, sino a la social). Reconociendo, promoviendo y defendiendo la riqueza de nuestro pueblo, y nuestro altísimo valor y dignidad.
Basta que nos midan, nos miren y nos identifiquen con trabajos sólo de bajo nivel educativo y de escaso rendimiento (económico, y de mínimos sueldos), con todo lo que tiene que ver esto con descalificaciones, discriminaciones, vejaciones, y ahora deportaciones.
Y más bien, fomentar y elevar la educación (básica, profesional y especializada); impulsar la creatividad, el emprendimiento, la aspiración a trabajos de alto rendimiento (educativo, artístico, científico y social); y aspirar a construir grandes proyectos humanos, intelectuales, tecnológicos y empresariales, que eleven la plusvalía y el orgullo nacional, la estima y la forma de ver al mexicano. He dicho.
El autor es Obispo de la Diócesis de Piedras Negras, Coahuila







