Josué Rodríguez
Piedras Negras, Coahuila, 28 de julio — El obispo de la Diócesis de Piedras Negras, Alfonso Miranda Guardiola, calificó como lamentable la permanencia de las boyas instaladas en el Río Bravo, al advertir que no solo representan un riesgo para las personas migrantes, sino que también generan daños al ecosistema y ponen en peligro la biodiversidad del afluente.
El jerarca católico subrayó el contraste que se observa en la frontera: mientras que, desde el Paseo del Río, en Piedras Negras, se aprecian murales y espacios de convivencia, en la ribera estadounidense permanecen las boyas y otras barreras utilizadas para impedir el cruce de migrantes.
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Miranda Guardiola recordó que, desde su instalación, estas estructuras han sido señaladas por organismos y sectores sociales como una violación a la dignidad humana, además de provocar afectaciones ambientales. La reciente contingencia, tras el desprendimiento de varias boyas, volvió a evidenciar los riesgos que este tipo de infraestructura representa para el río y las especies que lo habitan.
Aunque reconoció el derecho de Estados Unidos a proteger sus fronteras, el obispo enfatizó que las medidas de seguridad no deben traducirse en agresiones contra las personas ni en daños al entorno natural compartido por ambos países.
Enfatizó que el respeto a la dignidad humana y el cuidado de la “casa común” —como se refiere al medio ambiente en la doctrina social de la Iglesia— deben ser principios fundamentales en cualquier política migratoria y de seguridad fronteriza.
Finalmente, hizo un llamado a los gobiernos y a la sociedad para buscar alternativas que atiendan el fenómeno migratorio sin vulnerar derechos humanos ni afectar los ecosistemas, al considerar que es posible conciliar la seguridad con el respeto a la vida y al medio ambiente.







