Por Josué Rodríguez
En el marco del Tratado de Aguas de 1944, los gobiernos de México y Estados Unidos alcanzaron un acuerdo técnico para la gestión del agua en la cuenca del Río Bravo, en un contexto de sequía extrema que afecta a la región.
El plan establece una ruta definida conforme a los mecanismos previstos en el Tratado y es resultado de un trabajo sostenido de carácter técnico y político. Se garantiza el respeto a la soberanía de ambos países y se asegura en todo momento el derecho humano al agua y a la alimentación de las comunidades mexicanas.
México reiteró su disposición a cumplir con la entrega anual mínima convenida, ajustada a las condiciones hidrológicas de la cuenca y a los mecanismos establecidos en el Tratado, priorizando el abastecimiento para consumo humano y la producción agrícola.
Este acuerdo fortalece la gestión ordenada del recurso hídrico en la cuenca del Río Bravo y abre paso a una planeación más previsible y responsable frente a los efectos de la sequía, incorporando infraestructura y acciones de adaptación de largo plazo.







